Descripción del territorio
Alájar asalta al viajero entre bosques de castaños y alcornoques con su espectacular monumento natural, la Peña de Arias Montano.
Las numerosas y pintorescas aldeas engullidas por la frondosidad de la zona acompañan a esta bella población de Alájar, que se sitúa en el corazón del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche.
La riqueza de sus manantiales y fuentes han moldeado un municipio que sus vecinos han sabido mantener inalterable y engrandecerlo con tradiciones y manifestaciones culturales de gran renombre en la Sierra. Un ejemplo de ello es la Romería de Nuestra Señora de los Ángeles, fiesta grande de la localidad y romería de la Sierra por excelencia.
Historia de Alájar
Hasta la época romana no encontramos una ocupación intensa del término municipal de Alájar.
En el siglo V parece que San Víctor vivió en la peña de Alájar, y hay bastante acuerdo en la presencia constante de eremitas y anacoretas, atraídos por la belleza de los parajes de esta sierra.
La leyenda de este territorio se hace realidad en la época musulmana, que le bautiza con el nombre de Alájar, que etimológicamente significa piedra.
En la reconquista, Alájar fué tierra de frontera y litigio entre las coronas de Castilla y Portugal, interviniendo en su toma la orden militar de santiago, quien la obtuvo como lugar de señorío.
Un núcleo importante se asentó en los Montes Orullos, donde se construyó la iglesia dedicada a San Bartolomé.
Desde estas fechas Alájar se va a erigir en asentamiento de mayor vitalidad, reseñado por la construcción de la iglesia dedicada a Nuestra Señora de los Angeles de la Peña, lugar que enlaza con la corriente telúrica de lo sagrado.En 1559, don Fadrique Enrique de Rivera, duque de Alcalá, compraba los lugares de Galaroza y Alájar.
Por la misma fecha, don Benito Arias Montano, famoso humanista, convertía la Peña en atalaya de recreo y meditación. En 1640 Aracena y sus aldeas pasan al señorío del Conde Duque de Olivares.
En estos siglos, los señores ejercen su presión tributaria sobre Alájar, y la misma ciudad de Aracena la presiona en exceso, hasta tal punto que la relación continuada de vejaciones, así como el cobro de los débitos reales y penas, provocaron la huida de varios vecinos a otras partes. Estas razones obligan, con unos bríos inusitados, a pedir continuamente su independencia de Aracena.
La consolidación de Alájar se realiza en el siglo XVIII. La economía rural se diversificó con un sustancioso incremento de la actividad ganadera y la presencia de comerciantes que eran necesarios "por no producir la tierra para mantener a tanta gente". En 1752 el catastro del Marqués de la Ensenada contabiliza 397 vecinos, y en 1786 el censo de Floridablanca las eleva a 1.875.
En 1857, la rebelión de las minas de San Miguel en Almonaster estuvo protagonizada por naturales de Alájar y fue una revuelta elemental contra la miseria. De esta forma se abren las puertas a un siglo XX presidido por la agonía de un pueblo que abandona su tierra.